El Congreso y el Senado inflamados
Ayer miércoles, el Presidente del Gobierno se enfrentaba a un día duro, aunque tomándose el asunto con filosofía. Se preveía monotema en las sesiones de control del Congreso y el Senado. Y hubo monotema.
El Partido Popular volvió a emplear un lenguaje que refleja sus mensajes habituales, de corte simplificador y que apele a las emociones más que a las razones. Insistió en el carácter encubierto a su juicio de reforma constitucional que introduce el Estatuto de Cataluña, que se rompía la unidad de España y que Zapatero era el responsable del entuerto que ahora pretende solucionar.
El PSOE con su presidente a la cabeza también insistieron en las ideas habituales. Por una parte,que el PP apela al miedo y a la indignación de los españoles catastrofizando el asunto como suelen hacer con las reformas desde que perdieron. Por otra, que la tramitación del Estatuto es un proceso y se reformará lo que haga falta reformar para que éste sea constitucional.
Como ciudadano, me resultaron fuera de tono las apelaciones de que las alternativas que ofrecía Zapatero al término nación recordaban "al fascismo y a Pinochet". El Parlamento no debería ser una especie de "estercolero" donde los políticos puedan insultarse y pegarse mordiscos. Es lamentable el tono que a veces adquieren las cosas.
